Vi el anuncio de un taller de "bambúterapia" en el instituto donde estudiaba técnicas corporales y me burlé. La creí otra distracción snob. Pero el precio era económico y asistí por curiosidad. Me topé con una excelente sorpresa y debí acallar las sospechas previas. De esa experiencia extraje una de las herramientas características de mi trabajo: el masaje facial con pequeñas varillas o cañas de bambú. Una extraña delicia. No sé porqué, pero este humilde elemento, tan simple en su uso, ofrece una relajación diferente, muy delicada y sedante.