
Entre las llamadas herramientas o prácticas sutiles, el reiki es una de las más naturales, libres, seguras y placenteras que se conozcan. Consiste en la canalización de energía, en una sesión de una hora aproximadamente, en la que a través de las manos de un reikidoka o ejecutor de esta técnica, se busca el equilibrio del sistema energético de la persona atendida. Percibo al reiki como una experiencia de meditación en la que mientras menos intervenga el reikidoka, mejores serán su efectos. No sólo beneficia al receptor y armoniza sus chakras, sino que lo protege energéticamente e impide la confusión de sus energías personales con las de quien lo aplica.